¡Ojo, cuidado, chaval! ¡Te persigue una marabunta de muertos vivientes! ¡Tienes que huir, maldito desgraciado! Ellos son más veloces que tú, mira a tu alrededor y busca algo con lo que puedas escapar y permanecer a salvo. A ver... Esta bicicleta no, el monopatín del niño tampoco. Oye, ¿y si coges el bonobús? Claro, puedes esperar tranquilamente a la guagua en la parada, que mientras los muertos se comerán unas pipas o algo. Tú tranquilo. ¡Pedazo de imbécil, CORRE!
Y el imbécil, obediente, corre y se encuentra un camión. ¡Un camión! Allá que va el tío. Si no es un vehículo muy veloz y corre peligro de quedarse atascado en carreteras estrechas, al menos es férreo y el interior es seguro. Se sube al camión, lo arranca y el cigarrito de la felicidad se le cae de la boca. Es igual, luego pensará en eso, ahora tiene que huir, y si por el camino deja siete heridos tras varias colisiones, pues no pasa nada, porque el tío ha conseguido huir de los zombies.
¿Que si esta historia es real? Pues casi.
