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| Nunca un zombie supo tan bien |
¡Zombies del mundo! ¡Sabemos de qué pie cojeáis! Habéis perdido la humanidad. Vuestra piel y otros órganos probablemente cuelguen
pendulones de unos tristes jirones de
tejido corrompido en este mismo instante. Un hambre voraz solo comparable al
desenfreno culinario de
Falete os despierta a media noche sin poder hacer nada por remediarlo. Maldita sea, conocemos vuestra situación, sabemos lo difícil que puede ser eso de
no vivir. Hace escasos días un
emo me confesó que la vida no merecía la pena y que se ríe de la muerte. Yo se que a vosotros eso no os importa, porque vosotros os
descojonáis de los emos.
Mucho estrés puede ser perjudicial, y aunque una úlcera de estómago más o menos puede no ser un problema desde un punto de vista cuantitativo, es vuestra obligación manteneros lo más...
enteros posible. Para ello, y con la intención de dar un toque de color a vuestras
hediondas vidas, voy a compartir con vosotros la receta de otro cóctel
ad hoc como ya hiciera seis meses atrás con el
Walktail (
CdZ XIV: Dulce y sangriento es el brebaje). En esta ocasión, el nombre no podía ser más directo:
Zombie, el cóctel que va directo al tronco del encéfalo.